LOS INDÍGENAS FRENTE AL SISTEMA DE IMPARTICIÓN DE (in) JUSTICIA

 

PARDO3

MA.    TERESA PARDO

                                                              Investigadora del CIESAS-Istmo

                                                              “…que yo fuera, entonces sí estuviera

                                                              aquí; así aquí estaría pues.”

                                                              (Santiago Jiménez Cruz, 13.03.04)

Con estas palabras me recibió el Sr. Santiago Jiménez Cruz, el día sábado 13 de marzo de 2004 que fui a visitarlo al Penal de Ixcotel. Con esta frase lo que él quería expresarme es que si él hubiera cometido los delitos que se le imputan (portación de armas de fuego, intento de homicidio y asalto), entonces él aceptaría estar en la cárcel, porque así es como debiera de ser. En términos preformativos la frase también puede transcribirse como: yo no acepto estar en la cárcel (yo no entiendo por qué estoy aquí) porque yo no cometí los delitos por los cuales se me acusa y no acepto-comprendo la situación que devino de este agravio a mi persona. Situación de agravio e injusticia en la que el lector podrá adentrase a lo largo de este escrito.

 

El Sr. Santiago es un indígena Chatino, originario del municipio de Santiago Yaitepec, tiene 26 años y se ocupaba en el oficio de la albañilería en el municipio vecino de San Juan Quiahije. Es padre de cinco hijos –el último nació cuando él ya estaba preso- y es el sostén económico de su propia familia, así como de sus suegros y su cuñado.

 

El Sr. Santiago fue aprehendido el 29 de agosto del 2003 en el pueblo de Juquila y durante el momento de su detención recibió un balazo en la pierna derecha. Al poco rato se quedó inconsciente y fue trasladado al hospital civil de la ciudad de Oaxaca. Ahí le amputaron la pierna. A los dos días fue encarcelado en el Penal de Ixcotel, lugar en el que todavía se halla recluido; esperando que se le de seguimiento a su proceso penal para que el juez finalmente dicte su sentencia. De ser considerado inocente será liberado, pero después de un año de reclusión y con una pierna menos; de ser juzgado como culpable tendrá que permanecer por varios años en Ixcotel.

 

Según las palabras del Sr. Santiago los hechos ocurridos durante aquel 29 de agosto acontecieron así: aquel día, el Sr. Santiago Jiménez Cruz se encontraba en Juquila para trasladarse a la ciudad de Oaxaca, ahí se encontró con un amigo que manejaba un taxi (un vehiculo de pasajero) y el Sr. Santiago le pidió un “aventón” a Oaxaca. El amigo le dijo que sí, pero que iba a llevar un pasaje especial. Mientras el “pasajero desconocido” llegaba, el Sr. Santiago fue a comprarse un refresco a una tienda cercana y al poco rato pasaron por él. El pasajero –hasta ahora desconocido por todos, también por las autoridades competentes- ya se había subido al vehículo y había puesto su maleta en la parte trasera del auto. Al poco tiempo de haber arrancado el vehículo, los empezó a perseguir una camioneta de la policía (¿qué tipo de policía?) y el pasajero susodicho se bajó del vehículo cuando éste todavía estaba andando y se echó a correr. Cuando el vehículo finalmente fue detenido, frente al asombro y la angustia del chofer y del Sr. Santiago, la policía revisó la maleta del “pasajero desconocido” y encontró dos pistolas. Como resultado de tal acontecer, el chofer y Santiago se asustaron y también se echaron a correr. Al poco tiempo alcanzaron a detener al chofer –quien en la actualidad se halla preso en el Penal de Juquila- y como no alcanzaban a santiago le aventaron un balazo, quien como hemos dicho quedó inconsciente con una bala en la pierna, siendo trasladado posteriormente al hospital civil de Oaxaca donde le amputaron de la rodilla para abajo y después de dos días de esta operación quirúrgica mayor fue llevado preso al penal de Ixcotel.

 

El Sr. Santiago me dice que se acuerda que la bala sólo le atravesó el músculo y no entiende por qué le amputaron la pierna. Sin embargo, él estaba inconsciente y aunque hubiera estado consciente, él es un ciudadano de segunda: un indígena que ni si quiera sabe expresarse correctamente en español. Ahora sigue recluido en el penal de Ixcotel y su proceso penal quedará relegado a segundo plano porque es indígena y de conseguir un buen abogado defensor su proceso será muy largo. De hecho está siendo muy largo, porque mientras que los indígenas son detenidos (en situaciones casi siempre violentas) quedando coartados de su libertad durante el tiempo que dura su proceso, sus agresores quedan libres y con manga ancha para armar sus coartadas.

 

No es el caso de este artículo demostrar la inocencia o no del Sr. Santiago. Sin embargo no se requiere ser muy versado en la materia para suponer su inocencia en el caso de intento de homicidio, ya que este delito se le ha fincado durante el momento de su detención. Según su propio expediente, las dos armas registradas se encontraban en la maleta del “pasajero desconocido” y los balazos acontecidos durante tal evento impactaron la pierna del ahora acusado. Con respecto a los delitos de asalto, al parecer la población de Juquila había denunciado la presencia de una banda de asaltantes en la región y por ello se había instaurado un cuerpo policíaco. Tendría varios argumentos para decir que el Sr. Santiago no pertenecía a esta banda de asaltantes, pero por ahora mi pregunta es: ¿tiene la justicia el derecho de quitarle a uno una pierna y recluirlo por más de diez meses en un penal sin que uno entienda su proceso, por más delincuente que sea?

 

Hasta hace dos meses no se había podido comprobar la culpabilidad del Sr. Santiago como asaltante, pero recientemente han aparecido dos testigos presentados por el agente que le disparó que están dispuestos a atestiguar esta condición. El Sr. Santiago ha pedido un careo con estos dos testigos, pero con una serie de argumentos de carácter burocrático no le han permitido este careo. Sin embargo, la presencia de estos dos testigos se han venido a sumar a su expediente penal.

 

Mientras tanto, el Sr. Santiago lleva más de diez meses recluido en el penal de Ixcotel, esperando que por lo menos le pongan una prótesis para poder ver a sus hijos, porque siente una vergüenza infinita de que sus hijos lo vean sin una pierna.

 

Mientras tanto, el Sr. Santiago está esperando conseguir un buen abogado defensor por parte de las instancias correspondientes porque se le han acabado los recursos para pagar un abogado privado.

 

Mientras tanto, el Sr. Santiago está esperando, como muchos indígenas de Oaxaca, que se le haga justicia.

 

Las causas de su detención, objetables o no, y cuya casuística si es bien objetable en términos de cualquier reglamentación de los derechos humanos fundamentales, para el Sr. Santiago sólo se traducen en una pérdida total de su libertad para:

 

  • Hablar, en tanto que posee un dominio insuficiente del español que no le permite defenderse en el ámbito jurídico y que tampoco le permite relacionarse con los otros presos de Ixcotel.
  • Defenderse, en tanto que no posee los mecanismos (socioeconómicos, lingüísticos y culturales) para interactuar equitativamente dentro de nuestro sistema de impartición de justicia.

 

Hasta el presente, el Sr. Santiago lleva más de diez meses recluido; llevando a cuestas la pena de no comprender el por qué de su reclusión y mucho menos las oportunidades para defenderse y tener la esperanza de algún día salir de ahí. A ello hay que agregar, la pesadumbre que le acongoja por no poder mantener a su familia; así como de no poder ver a sus hijos, por la vergüenza que le da de que lo vean así: sin pierna. Amén de que la causalidad de los actos devenidos a partir del momento de su aprehensión, no justifican su situación actual: un preso físicamente amputado y comunicativamente lisiado para interactuar equitativamente con los otros reos.

 

El actual estado físico de este preso indígena es indignamente, su estado emocional es alarmante. Con una evidente cara triste en la que a veces se observan apenas chispazos de indignación, el Sr. Santiago me expresa, mediante su muy particular uso del español, su consternación al no entender por qué está ahí, ni tampoco el por qué de todos los hechos que le acontecieron. Ha optado por mantenerse bastante aislado dentro del penal y poco habla con los otros reos. Durante mi segunda visita, después de una larga espera, lo tuvieron que ir a buscar porque no escuchó su nombre por el altavoz, “tan poco me visitan” –me dijo, y es que el pasaje de Yaitepec a Oaxaca es bastante caro y sus parientes no tienen el dinero para trasladarse.

 

Conocí el Sr. Santiago Jiménez Cruz el día 30 de noviembre de este año 2003, cuando por petición de la Procuraduría de Defensa del Indígena –a solicitud del visitador general de la Comisión Estatal de Derechos Humanos- fui requerida como perito en lingüística para realizar un dictamen sobre el grado de manejo del español de este sujeto y evaluar su capacidad para interactuar correctamente en este idioma durante su proceso penal.

 

Mucho me pregunto del por qué de que todas instancias dan trámite a los requerimientos burocráticos y de su falta de interés por los sujetos que son objeto de estos trámites.

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